Guerinda

Vinos esenciales para conocer nuestra historia

  • Guerinda La Blanca

    La Blanca es un homenaje a nuestra madre. No podía ser de otra forma. 

    Blanca es la hija de Anselmo, un labrador de los de antes. De cara arrugada y boina. Que trabajaba de sol a sol y amaba la tierra. Tuvo dos hijas, Blanca y Sagrario. Y para su tristeza, ninguna de ellas quería saber nada del campo. De hecho Blanca, prefería trabajar en la báscula de la bodega cooperativa, antes que ir a vendimiar. O “sacar” garrafones con la C15 para llenar el despacho de vino que atendía todos los días de la semana. Lo que sea, pero a sarmentar ni a vendimiar que no la llevara el abuelo.

    Ejemplo de superación, de lucha y de amor a su familia. No nos ha enseñado de las viñas, pero lecciones de la vida nos las ha dado y nos las sigue dando todas.  

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  • Guerinda Casalasierra

    Queremos romper esquemas y acabar con las ideas preconcebidas sobre el rosado. Cuántas veces hemos oído eso de…  “es que yo no soy mucho de rosado”. Y después de probarlo, ¡viene el flechazo! 

    Es verdad que apostamos sobre seguro, porque sabemos que es irresistible. Pero es que además, el rosado, nos corre por las venas. ¿Cómo no, siendo navarras y de San Martín de Unx?  Nuestro pueblo es famoso por elaborar el mejor de Navarra, y uno de los mejores rosados ¡del mundo!

    Nos encanta elaborarlo (con color bien intenso), tanto como beberlo y disfrutarlo. Pero lo que más nos gusta es compartirlo con todos nuestros amigos y amiga

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  • Guerinda Tres Partes

    Decimos una y otra vez que el vino lo hace uva. Y así es. Pero el vino también lo hacemos las personas. Tres personas (Yoanna, Juanma y María) tomamos parte en la creación de este vino. Por eso este vino es como es: es Garnacha, pero como queremos nosotros tres. 

    Sentimos la necesidad de reivindicar nuestra variedad, la Garnacha. La de aquí. La de toda la vida. Y compartir con todo el mundo, que a nosotros nos vuelve locos. Que tiene esa capacidad de transmitir nuestro lugar de origen de una forma única, que nos emociona y nos hace disfrutar de cada vendimia, de cada trago. Un estilo que nos apetecía beber, sin madera, con poca extracción, fresca y llena de fruta. De las que no te das cuenta, y ¡te has bebido la botella!

    G de garnacha, G de Guerinda… G  ¡y punto!

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  • Guerinda El Máximo

    Este vino es un homenaje a nuestro padre, Máximo Abete, fallecido en Noviembre de 2011. Sucesor del primer vino que él empezó a hacer, su “Guerinda Crianza”.
    Por eso, en la receta no pueden faltar las uvas de su rincón favorito: Vallervitos. Un increíble paraje en medio de la Sierra de Guerinda, que se empeñó en recuperar a pesar de que todo el mundo le decía que era una locura. Donde crecen las cepas rodeadas de plantas aromáticas, pinos, corzos y algún jabalí que otro.

    Y también le ponemos, como aprendimos de él, todo nuestro cariño. Elaborarlo de una forma artesanal y con mucho mimo, es indispensable. Porque sabemos que eso luego se nota.

    Dos ingredientes necesarios para hacer este vino inconfundible. Como su bigote.

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  • Guerinda La Cruzica

    No es fácil el cultivo de la variedad Tempranillo en las laderas de secano en esta zona de Baja Montaña. A pesar de que las temperaturas no son extremas durante el verano, la falta de precipitaciones hace que acuse bastante estrés al final de la maduración, perdiendo hojas y acelerando la degradación de ácidos.

    Pero nos gustan mucho esos racimos sueltos, sanos; con granos de piel gruesa y muy sabrosos. Y el colorazo que tiene el mosto apenas estrujar la uva, que nos tiñe las manos. Sobre todo, nos llama la atención porque lo hemos elaborado de diferentes formas para conseguir diferentes estilos; pero nuestro Tempranillo siempre tiene un estilo reconocible. Impone su personalidad.

    Queréis que sea garnacha, pero soy Tempranillo”, parece que nos dice…

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  • Guerinda Navasentero

    Nosotros que tanto presumimos de ser viticultores y de cultivar todas nuestras uvas, pues resulta que no. Este Graciano viene de Navasentero, una viña que no es nuestra. Pero no nos da ningún apuro decirlo. ¡Al revés! Estamos encantados de que el viticultor sea nuestro amigo Julián Palacios. Para los que no le conozcáis, es un inquieto ingeniero agrónomo que se pasa los días de viña en viña colaborando con viticultores de todo el mundo que confían en él para tener las mejores uvas posibles en sus viñedos. Liado siempre en mil historias, aún saca tiempo sus ratos libres, para cuidar el graciano de Navasentero. 

    A partir de ahí, nosotros tratamos de no interferir en el proceso natural de la transformación de la uva. Por eso lo que disfrutais en la copa con este vino es un Graciano auténtico.

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  • Guerinda La Abejera

    Nosotros que tanto presumimos de ser viticultores y de cultivar todas nuestras uvas, pues resulta que no. Este Graciano viene de Navasentero, una viña que no es nuestra. Pero no nos da ningún apuro decirlo. ¡Al revés! Estamos encantados de que el viticultor sea nuestro amigo Julián Palacios. Para los que no le conozcáis, es un inquieto ingeniero agrónomo que se pasa los días de viña en viña colaborando con viticultores de todo el mundo que confían en él para tener las mejores uvas posibles en sus viñedos. Liado siempre en mil historias, aún saca tiempo sus ratos libres, para cuidar el graciano de Navasentero. 

    A partir de ahí, nosotros tratamos de no interferir en el proceso natural de la transformación de la uva. Por eso lo que disfrutais en la copa con este vino es un Graciano auténtico.

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  • Guerinda El Anselmo

    Anselmo era nuestro abuelo. Labrador de nacimiento y con toda su vida dedicada al campo. Tenía en la cara las arrugas que el sol y el viento dejaron como recuerdo de las infinitas horas dedicadas a cuidar las viñas. Aprendió el oficio de su padre y éste del suyo. Así aprendían los secretos de la viña, de generación a generación. Pero Anselmo tuvo dos hijas, y no les gustaba el campo.

    Cuántas veces nos acordamos de él. Lo contento estaría ahora si viera cómo ha rejuvenecido “su” Vallervitos. Ese rincón de la Sierra de Guerinda, donde sus padres vivieron, y donde él pasó tantas horas cuidando sus cepas. Se le caería la baba, suele decir mi madre, si viera como su yerno reconstruyó el corral donde vivió su familia, y si viera cómo a sus nietas ¡sí que les gusta el campo!

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